No vale no quererse
Me dijiste: «No vale no quererse» entonces aún lucías una sonrisa en tu cara y yo aún paseaba a la inocencia de la mano. Entonces nos queríamos bien, sin juzgarnos, sin resentimientos, sin un pasado que cargar a los hombros, ni una sombra que pudiera oscurecer nuestra luz.
Justo en ese punto la vida era una aventura, una carretera sin fin o un acantilado donde poder saltar al vacío sin miedo porque sabíamos que teníamos alas para echar a volar. La pureza superaba al ego, la alegría a la tristeza, y las ganas a la incomprensión. Sentíamos la magia de nuestros cuerpos en conexión y todo funcionaba sin preguntarse el porqué, entonces no había mayor pretensión que la de darlo todo con tal de recibir a cambio una puesta de sol más juntos…

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